Anhelo de recibir golpes


[Escrito por Luis Espinosa]

La diferencia entre un boxeador y un artista no es muy grande: un artista sube a su taburete y se inclina hacia adelante manteniendo un brazo al aire, y con una precisión matemática le da pinceladas al lienzo, le otorga forma a un campo de trigo en Arles o a una noche estrellada; el boxeador sube al ring y se joroba con los guantes cubriendo su mentón, mantiene el jab y con precisión suelta la derecha. 

El artista natural, al igual que un mosquito, tiene vocación suicida, su primera prueba de talento consiste en adquirir el anhelo de recibir golpes, sentir castigo. El animal de pelea tiene la clave de prepararse para que le dejen la cara cocida y palpitante. 

Para ambas expresiones la miseria lo es todo, entienden que el mejor arte se forma en ese lodo negro de podredumbre. En sus producciones debe estar palpitando el deseo de expresar la verdad sin fuga, ser guiados por el latir que el carácter es belleza, sin importar si ésta es violenta y sórdida. 

El boxeador sabe que su arte consiste en violar los manuales del arte: colocar los colores elementales juntos, con violencia, sin difuminarlos, apenas sugerir los detalles, apenas bosquejos. Dejar gruesas capas de óleo y las líneas y luces y sombras no deben terminar en precisión, sino fundirlas unas sobre las otras.

El artista cree que el dolor es el sentimiento más profundo y libre, su cara de madera moldeada con cuchillo superpone al dolor que a la belleza, la crudeza de la verdad por encima de lo estético, la vida íntegra sin juicios morales (en el arte no tienen lugar), el arte es amor al igual que la vida. 

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La Guerra del Fin del Mundo
Mario Vargas Llosa
1981

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"La imaginación es un crimen que la realidad castiga haciendo añicos a quien intenta vivirla".
Gustave Flaubert