El oxímoron en la imagen pornográfica



[Escrito por Eduardo Ari Guzmán]

El interés de estas malformadas palabras, estimado lector, es reflexionar sobre la imagen hiperrealista de la pornográfica como un oxímoron, pues es una ilusión real que acerca al espectador a tocar, oler, pero nunca tener, esa imagen “real”. Para ello, parto del supuesto de que la pornografía no tiene velos ni tapujos y el cuerpo humano (femenino y masculino) es capturado por la lente en absoluta obscenidad. Sin olvidar que el destinatario, el receptor de la imagen es ¿cómo decirlo?... un voyerista virtual; es por medio de éste que se define lo pornográfico o como lo escribiera Naief Yehya: “la pornografía no se define por lo que muestra, sino por las reacciones que provocan en el público”.1

El humano, en estos tiempos tecnológicos, respira aires de democracia y libertad por medio del internet; dar un click es tener acceso a un sinfín de imágenes pornográficas… Lejos quedaron las postales que, con el surgimiento de la foto en el siglo XIX, fue un medio para tener, en lo privado, la imagen sin velos del cuerpo de una fémina extraña, lejana e imposible; y no tan distantes quedaron aquellas películas como Emmanuelle o Garganta profunda (hoy denominadas cine erótico, un modo de clasificar que permite su libre venta e incluso los cinéfilos lo consideran cine de arte) representaron, en todo su movimiento y “realidad” el acto sexual. Lo que hoy existe en millares de portales (oficiales e ilegales) son imágenes hiperrealistas que, al contrario de lo que se podría suponer, todavía alimentan la imaginación del voyerista virtual, quien halla, en los retorcidos pasillos de su perversión, el placer.

La pornografía es un fiel reflejo de nuestra sociedad de consumo pero sólo en cuanto a mercancía se refiere pues lejos están aquellos tiempos en que fue un medio de crítica política y social (basta recordar la obra del Marqués de Sade o de Pietro Aretino); o de ofrecer una perspectiva filosófica sobre el placer (la novela Fanny Hill de John Cleland) y más lejos aún están los tiempos en que fue considerada como una expresión artística (ejemplo de ello el cine norteamericano de los años sesenta). Hoy día la pornografía está desprovista de crítica, de filosofía y de arte. En nuestros tiempos es sólo un producto de enajenación… lo cual es lamentable.

La imagen pornográfica de nuestros tiempos ha rebasado la exposición del acto sexual, al grado de llegar a mostrar, en su totalidad, una parte específica del cuerpo, tanto femenino como masculino, me refiero, claro está, a la vagina y al pene, dos personajes protagónicos que representan la batalla de la simple y llana excitación del voyerista. Estos personajes personifican a la mujer y al hombre pues el rostro de estos no existe, al menos no el del hombre; el de la mujer, aunque sea hermoso, es exhibido como una extensión de la vagina. Este es el sentido que sigue lo obsceno en la pornografía, en ésta los actores-sujetos son, por un lado, cosificados y funcionan como máquinas especializadas en fabricar el placer del voyerista virtual; y por otro, su anonimato los desaparece del mundo real y los hace aparecer como fantasmas.

El hiperrealismo es un requisito indispensable para brindarle un sentido de verdad a la imagen pornográfica, pero no es tan real como se podría afirmar a simple vista. Lo digo por dos razones: 1) son actores-sujetos (sean profesionales o amateur) los que representan el acto sexual; 2) la existencia de la lente de la cámara provoca la manipulación de la imagen. Ésta es el resultado de estos factores para dar la ilusión de realidad y aunque se muestren a personas comunes y corrientes, sea cual sea el escenario (una habitación, el parque, la oficina, el confesionario, etc.) mientras exista una cámara capturando imágenes, éstas siempre serán un oxímoron.

Por eso este es el espacio donde entra en juego el oxímoron de la imagen hiperrealista de la pornografía. Este oxímoron sólo es percibido por el voyerista virtual, sujeto que experimenta todo el “placer”, toda la excitación de la representación. Al respecto Baudrillard escribió en su libro De la seducción:

Reina la alucinación del detalle –la ciencia ya nos ha acostumbrado a esta microscopía, a este exceso de lo real con su detalle microscópico, a este voyeurismo de la exactitud, del primer plano de las estructuras invisibles de la célula, a esta noción de una verdad inexorable que ya no se mide en absoluto con el juego de las apariencias y que sólo puede revelar la sofisticación de un aparato técnico. Fin secreto. 2

Si bien la imagen pornográfica ya no guarda ningún secreto, todo en ella queda expuesto, lo que representa, el placer, el deseo, no existen en sí. En donde coexisten es en el imaginario del voyerista virtual, éste vive el deseo, placer, la ilusión de la eyaculación permanente. Aunque la tecnología de la imagen pornográfica avanza a pasos agigantados en su aspiración de mostrar la “realidad” nunca dejará de ser un oxímoron.


1 Naief Yahya, Pornografía. Sexo mediatizado y pánico moral, Plaza y Janes, México, 2004, p. 251.

2 Jean Baudrillard, De la seducción, Rei, Madrid, 1995, p. 35.

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Libro
La Guerra del Fin del Mundo
Mario Vargas Llosa
1981

Citando

"La imaginación es un crimen que la realidad castiga haciendo añicos a quien intenta vivirla".
Gustave Flaubert