El artista suicida


[Escrito por Luis Espinosa]

Así como Cézanne pintó un mismo retrato más de diez veces y terminó pensando que hacía falta algo en la pintura y murió insatisfecho con ese retrato, de la misma forma Sabato nunca estuvo contento con sus obras, pensaba que estaban incompletas y ausentes de calidad.

Una personalidad destructiva, la militancia en el pesimismo y un respeto sagrado por el arte lo llevaron a quemar muchas de sus obras: Sobre héroes y tumbas, por ejemplo, estuvo a punto de ser destruida y Matilde (su esposa) al enterarse de la noticia entró en tal cólera que Ernesto tuvo que publicar la novela.

Sus novelas fueron escritas desde el inconsciente, sus personajes fueron una extensión de él. En sus novelas, los protagonistas son individuos en crisis –como nuestro tiempo– en una profunda angustia espiritual; personajes desastrosos, al borde del suicidio, que a la luz de esa catástrofe aparecen en “situaciones límite” como Jaspers sostenía.  El fracaso es rasgo característico en sus personajes y no un fracaso físico, sino metafísico, siempre una imposibilidad: la comunicación por ejemplo. Existe una incapacidad para la comunicación y sobre todo frente a la mujer.

Ese fracaso que el propio Sabato sentía, hizo que tuviera que expresarse no solo a través de la literatura, sino también explorar dentro de la pintura. En un mundo donde todo le resultaba confuso, enmarañado, y de una lógica como elegida al azar, su única seguridad era la dedicación por el arte. Sabato no bromeaba con su pintura, era severo, estricto y casi obsesivo como todo artista. No era un pintor de domingo, dejaba el alma en cada pincelada.

De forma simultanea sentía gran afición por la literatura, la pintura y por la ciencia. Y como había que hacer una cosa y hacerla bien, dejó de pintar, de hacer literatura, y se dedicó a la ciencia. Fue Oscar Domínguez –pintor español que se suicidó en París después de ser consagrado por Picasso– quien le dijo: “deja todas esas tonterías y ponte a pintar”. Pasaron los años con la tentación de abandonar todo por la pintura, nunca se alejó de aquella nostalgia, se rodeó de pintores, y sus visitas eran constantes a las galerías.

Fue a partir del problema en la vista que decidió regresar a los antiguos rituales de la creación al óleo, Sabato volvió como una fábrica de producción. Muchos galeristas de Buenos Aires intentaron exponer sus obras, tuvo propuestas en Francia, pero aquel respeto por el arte y su vergüenza no le permitió dejar que sus cuadros salieran de su taller.

Una vez aquellos cuadros aparecieron en la televisión, fue por Vargas Llosa. Trabajaba en la televisión peruana y grababa un reportaje sobre Sabato, insistió tanto para que las pinturas fueran grabadas, que cuando Mario vio los cuadros oscuros y el imán en la mirada de los personajes en el cuadro, le dijo: "Ernesto si vos no querés mostrar esos cuadros sos un loco".

Para él, el arte tenía otro sentido, hacia arte para sobrevivir; sin el arte, Ernesto Sabato se habría suicidado. El ejemplo más ilustrativo lo cuenta él: A veces llegaban jóvenes escritores a mostrarle sus textos, antes de leerlos les preguntaba: ¿si vos no escribieras morirías?, no eso es una exageración, desde ya toma tus papeles, no vale la pena leerlos, puedes tener condiciones de escritor, pero con escribir bien no basta. Si uno no muere por el arte, no es arte.

Para Sabato la realidad no era suficiente, todo lo que le rodeaba le parecía atroz, injusto y reprobable, con su obra aspiraba a otra realidad, a una utopía, además de intentar explicar su existencia: primero con la ciencia y luego con la literatura. Sabato hacía arte porque su realidad era imperfecta. 

El arte finalmente, según Sabato, es un orden, un cosmos, el arte es un caos que tiene que ser dominado por el sujeto que lo trabaja, para poder llegar a construir un orden. El artista es un ser entre la idea de legalidad: la ley, el equilibrio y el instinto, aquello incontrolable, su lado animal. El arte es totalidad, la ciencia reúne las matemáticas, la precisión, la razón pura y el arte es razón pura y al mismo tiempo será algo más, será pasión, sentimiento y ESPERANZA.

Foto: Daniel Morzinski

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Libro
La Guerra del Fin del Mundo
Mario Vargas Llosa
1981

Citando

"La imaginación es un crimen que la realidad castiga haciendo añicos a quien intenta vivirla".
Gustave Flaubert