El seguidor nunca sabrá


[Escrito por Eduardo Ari Guzmán]

En este país donde sus habitantes lo soportan todo: bajos salarios; transporte púbico… quiero decir ¡público! deprimente; programas de televisión y radio de un nivel de quinto año de primaria y una “cultura” de entretenimiento. En este país existe un fútbol mediocre, injusto, comercial y sin pasión y aun así mantiene a la expectativa al fiel seguidor que, sin importar la hora, el clima o el costo de la camisa, mantiene la esperanza en que su equipo gane… o empate… y si pierde… que no sea por una mala decisión tanto arbitral como del jugador.  En este país se tiene el fútbol que se merece.

     Resulta difícil que los comentaristas deportivos de nuestro país develen lo que sucede al interior de la mafia del fútbol, digo mafia porque el fútbol ha dejado de ser un deporte para ser un negocio de piernas donde sus “jugadores profesionales” son esclavos y nada más. De esto no se habla en ningún medio deportivo “especializado”. Y es que el aficionado, el hincha, el seguidor no es tan pendejo, se da cuenta que algo raro sucede con su equipo y entonces (en el mejor de los casos) se cuestiona ¿por qué jugaron de esa manera?, ¿por qué el portero cometió el penal? Y yo me pregunto ¿quién me responde estas preguntas, por favor?

     Para fortuna mía, en la literatura dramática existe la obra titulada El seguidor lo sabe (Documento escénico) del dramaturgo español Ignacio Amestoy, que coincide con mi angustia, con mi preocupación de saber ¿por qué mi equipo perdió de tan ridícula manera?

     La obra es breve y con tan sólo dos personajes, El Cancerbero de 35 años y el Periodista de 50 años, representa la historia de cómo El Cancerbero decide grabar su confesión del por qué él tenía que provocar un penalti y además hacer todo lo posible por no detenerlo, provocando que su equipo perdiera el partido del campeonato. El Cancerbero, tras realizar la confesión, la envía a su amigo el Periodista para que éste la transmita a los seguidores y éstos sepan la verdad. Sin embargo, el Periodista, obedeciendo o cuidado los intereses de sus superiores, cuenta otra versión de la historia así como de los sucesos de la muerte de El Cancerbero.

     En la obra, a lo que yo llamo mafia del fútbol, El Cancerbero lo denomina “engranaje”, es decir aquel que decide cómo deben ganarse los partidos. Todos somos parte del “engranaje” del fútbol, los futbolistas, el seguidor, los comentaristas deportivos, los dueños de los equipos de la federación de cualquier país, los promotores, los patrocinadores, etc. Cuando El Cancerbero se da cuenta que formó parte del “engranaje” desde que fue designado titular de su equipo y de la Selección Nacional, y que debe obedecer lo que el “engranaje” le pide: provocar un penal y no detenerlo para perder el partido de Campeonato. Dice El Cancerbero: “¡El engranaje lo había decidido! Y yo soy un profesional. Qué hagas esto así y así, y lo haces”. El Cancerbero obedece y se suicida porque no soporta la idea de saberse sin honor. ¡Qué hermosa es esta palabra cuando aún resuena en la conciencia del humano!

     Al Cancerbero lo único que le sobra, tras obedecer al “engranaje”, es el honor, un honor que no existe (al menos así lo deja ver la obra) en el ámbito del fútbol profesional contemporáneo. El Cancerbero se cuestiona: “¿Pero cómo hacer que no se peleen dentro de ti el honor y la profesionalidad?” Si esto está en la obra de ficción, entonces, qué y cómo estará en el plano de lo real. Sólo se me ocurre una palabra: ¡Podrido!

     En la obra no hay una explicación del por qué el Periodista tergiversa la historia, pero no hay que ser un inteligente para no saberlo: el “engranaje” se lo pidió. Al final de la historia el seguidor nunca se enteró del por qué el portero del equipo de sus amores en aquel partido de campeonato se convirtió en el villano y, con su muerte, en mártir. El seguidor, a quien va dirigida toda la confesión de El Cancerbero, nunca se enteró de la verdad porque para que el “engranaje” funcione necesita del aceite de la mentira, de la corrupción.

     En nuestro país futbolero El seguidor lo sabe podría representarse algún día en una de las tantas salas de teatro de nuestro país para que el aficionado como yo encuentre, al menos en la ficción, algunas respuestas del por qué el equipo volvió a jugar como nunca y perder como siempre. Y al saberlo, entonces atender el problema para intentar cambiar el “engranaje”. Por mi parte dejaré por la paz al equipo de mis amores y que Dios, si tiene tiempo, los cuide en su descenso.  

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La Guerra del Fin del Mundo
Mario Vargas Llosa
1981

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"La imaginación es un crimen que la realidad castiga haciendo añicos a quien intenta vivirla".
Gustave Flaubert