La revolución estética de Cortázar

[Escrito por Luis Espinosa]

Tablero de direcciones:
El siguiente ensayo tiene a su forma dos personalidades: una de ellas totalmente ordinaria y simple; la otra, carente de lógica. La primera forma se deja leer del capítulo 1 al 5, al final se encontrará con tres pequeñas estrellas (***) y la palabra FIN. Así el lector terminará sin juegos el texto.

La segunda forma inicia entonces en el capítulo 1 y en el orden que se indica al pie de cada final de capítulo. Si no existe tal indicación, continúe con el siguiente pedazo de texto. En caso de que usted sea un lector distraído, puede consultar la secuencia:

1, 2, 7, 3, 6, 4, 8, 5

Capítulo 1


Carl Schmitt sostenía en un postulado teológico que dios había condenado al hombre a ser un ente político, un ser que convertía todo en política. “Incluso aquello que aparentemente no es político, es político”. La literatura no es externa a esa totalidad que explica Carl Schmitt, siempre ha estado cerca de lo político y Cortázar lo entiende, comprende a una ficción que se crea a partir de una realidad. Julio crea esa fusión con “El libro de Manuel” que significa la exploración política y literaria, la unión de una ficción y una realidad de violencia política, Cortázar responde a la eterna pregunta del papel del escritor frente a la sociedad, y a la relación entre la literatura y política. El libro de Manuel es la representación de Cortázar en el mundo de lo político, que se caracterizaba por los movimientos de izquierda, diferentes políticas que habían entrado en conflicto, la revolución cubana triunfaba y era una institución en la cultura latinoamericana. También es una búsqueda intensa de nuevos territorios, alude a la teoría del “hombre nuevo” de Ernesto Guevara.

 En una carta a Roberto Fernández defiende su libertad de creación y exploración:

Mi problema sigue siendo… un problema metafísico, un desgarramiento continuo entre el monstruoso error de ser lo que somos como individuos y como pueblos de este siglo, y la entre visión de un futuro en el que la sociedad humana culminaría por fin a ese arquetipo del que el socialismo da una visión practica y la poesía una visión espiritual… jamás escribiré expresamente para nadie, minorías y mayorías y la repercusión que tenga mis libros ser siempre un fenómeno accesorio y ajeno a mi tarea y sin embargo hoy sé que escribo para , que hay una intencionalidad que apunta a esa esperanza de un lector en el que reside ya la semilla del hombre futuro”. 

Julio Cortázar cambia su narrativa y discurso, sale del “yo” que es Rayuela e ingresa a un nuevo lugar a la intencionalidad del escritor, a una semilla del hombre futuro que exigía un nuevo tipo de lectura, lectura digna del “hombre nuevo” guevariano.


Capítulo 2

"Libro de Manuel" es una novela redactada entre 1969 y 1972, y un año después publicada. La novela queda lejos de tener el éxito de Rayuela, pero tiene una repercusión en el plano real, más importante que Rayuela: es un libro que no tiene derechos de autor, sino que es escrito para el pueblo argentino, como una obligación moral frente a la realidad de Argentina de 1972, donde se vivía la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse. También los primeros años de la década de los setenta ocurre un proceso de politización en la cultura donde el concepto de compromiso comenzaba a involucrar al escritor. Cortázar fue protagonista de los intelectuales que se relacionaron con la revolución, con escritores del Boom Latinoamericano como García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes. 

Resulta que cuando Cortázar escribe “Libro de Manuel” leía al mismo tiempo la prensa argentina, diarios franceses, revistas y utiliza los recortes como recurso, pero no hablamos de un Cortázar que se pronunciaba directamente a favor de la revolución y con las políticas de izquierda, que sus libros contengan manifiestos socialistas, para eso estaba la propaganda. Julio establecía que la literatura no debería apoyar ideológicamente al proceso revolucionario, sino revolucionar el proceso de creación, ese proceso de la representación literaria y producir un tipo de lectura que exigiera al lector un trabajo digno del hombre nuevo, el mismo hombre del que escribe Guevara (un hombre totalmente  humanizado, un completo revolucionario que para Ernesto Guevara era la culminación evolutiva del hombre. Una búsqueda del bienestar social, actividad que va a complacer al individuo anulando así el calificativo de “sacrificio”).
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Capítulo 3

Julio Cortázar formó parte del tribunal Russell, fundado originalmente por Bertrand Russell y Jean Paul Sartre para juzgar los crímenes de guerra, y que extendió su denuncia hacia las torturas ejercidas en América Latina y por el gobierno argentino que hacía de la tortura algo burocrático.

Las regalías de "Libro de Manuel" fueron destinadas a los abogados que defendían a los presos políticos de la dictadura argentina. Juan Rulfo, que como Arreola creían que la mejor literatura ya había sido escrita, dijo de Cortázar (el único contemporáneo que le interesaba): “tiene tan gran corazón que dios necesitó fabricar un cuerpo tan grande para acomodar ese corazón suyo”. 

El libro de Manuel es el resultado de ese proceso de revolución, Julio lee la prensa y textos de corte histórico, introduce ese contenido pero no de forma convencional, en los diálogos de los personajes que hablan de los hechos, sino el libro está armado con noticias recortadas, y reproducciones directas de telegramas y periódicos, que son leídos por los personajes dentro de la historia, una relación vertiginosa entre autor y lector, al lector se le ofrecen las noticias directas. En la novela se da un salto político y social, pretende subvertir la realidad, se cuenta las actividades de un grupo para acabar con la gran costumbre que reprime la realidad, mediante pequeñas desarticulaciones del orden social y sobre todo mediante la llamada joda, que permitirá realizar al hombre nuevo e impugnar los regímenes dictatoriales que por entonces amenazaban en América Latina. 
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Capítulo 4

Cortázar depositaba toda su confianza política en las capacidades especificas del escritor para producir una revolución estética, cosa que se hizo pública en una conversación publica con Oscar Collazos, que acusó a Cortázar de colocarse a espaldas del proceso revolucionario latinoamericano al centrar toda sus energías en la experimentación de sus novelas cuando lo que debería hacer era participar en los debates sociales denunciando las situaciones de injusticia y laborar en la construcción del socialismo, a lo que Julio respondió que condenaba la separación del escritor e intelectual para resaltar que el escritor se comprometía en su rol especifico, en su trabajo de escritor. 

La revolución cubana era la columna vertebral de la cultura latinoamericana, era el cumplimiento de una utopía, ejemplo de intelectuales, que se ve manchada frente al llamado “Caso Padilla” en 1971, en el que numerosos intelectuales rompen con la ideología cubana por el encarcelamiento del poeta Heberto Padilla y su posterior critica al régimen. Su encarcelamiento fue protesta para los intelectuales que firmaban cartas a Fidel Castro, la tensión crecía y la autoridad moral de la política cubana era acusada de poner límites de acción a los intelectuales críticos al sistema. Castro prometió cerrar puertas de Cuba a los intelectuales que emitieran críticas a la revolución. Como respuesta, muchos escritores deciden romper relaciones con las instituciones culturales cubanas, entre ellos Mario Vargas Llosa, Juan Goytisolo, Carlos Fuentes y hasta Jean Paul Sartre. 

Bajo todo ese contexto "Libro de Manuel" responde a esa crisis que envolvía a toda América Latina, una dictadura en Argentina, una revolución cubana que dominaba a la cultura latina, escritores de izquierda que se debatían sobre el papel del escritor y al mismo tiempo un rompimiento del mundo intelectual con la revolución cubana.
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Capítulo 5

Julio Cortázar es como un par de ojos que siempre está mirando hacia otro lado, como volado por el tiempo y no en el mismo tiempo al nuestro, sino a otro tiempo; él consideró a “Libro de Manuel” como el peor de sus libros, mal escrito, actualidad que esperaba efímera y que nunca lo fue, en propias palabras de Cortázar, “el libro fue como si me lo hubieran encargado y quien me lo encargaba era un yo mismo argentino, porque era el momento de la dictadura de Lanusse y una violencia que se convertía en una institución tan monstruosa que va más allá de toda definición”. 

Ese libro surge como tentativa de hacer una novela –decía Cortázar– porque yo no he nacido para hacer literatura política, no soy un político y no tengo ideas coherentes, puedo decir a mi manera lo que pienso de la situación y mi manera siempre va a ser literaria”.

Así el libro de Manuel es exploración, donde la literatura conservará el mundo cortazariano y la realidad cotidiana, una convergencia entre la información diaria y real, y un mundo de ficción en la que se mueve una novela. El uso de un recurso que somete a la ficción a un juego de elementos exteriores y al mismo tiempo es un libro condicionado, lo que ocurría en la argentina condiciona el final del libro, un experimento destinado al plano practico porque estaba marcado por los presos políticos; un mes después toma lugar la liberación de todos ellos, los abogados rentaban camiones – con las regalías del libro donadas por Cortázar – y así podían llevar a familias enteras a visitar a los presos; estos hechos ponen al libro de Cortázar en un plano donde la ficción continua con la realidad, el libro continuaba en la vida. 
***

FIN


Capítulo 6

Che Guevara y Cortázar: 
Hay admiración de Cortázar hacia la figura del revolucionario romántico que es Ernesto Guevara. Siempre le dedicó un lugar especial dentro de sus textos, le escribió un cuento en Bestiario, epígrafes y citas del Che, le escribió un poema, que no fue lo más afortunado de Cortázar. 

Cosa curiosa que jamás pudo complacer literariamente a Ernesto Guevara, era aquel al que le escribía y no lo dejaba satisfecho. Cortázar sufrió ese año de 1967 cuando se entera de la muerte de Guevara, escribe en una carta que se escondía en los baños a llorarlo, un sufrimiento callado y bien representado en su literatura; de alguna forma Cortázar veía al che en todos lados, decía que todos los jóvenes que salían a la calle en forma de manifestación eran la representación viva de Ernesto Guevara. 
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Capítulo 7

Cortázar condenaba a lo que él llamaba el imperialismo norteamericano, analizaba desde un comic de Fantomas, una adaptación mexicana del personaje francés, donde el mismo Cortázar era personaje de la historieta –el número de comic que relata la historia de un individuo que pretende acabar con la cultura, solo entonces comienza a destruir museos, librerías, todo aquello que representara cultura. Octavio Paz llama a Cortázar para poder hacer algo en contra de aquel enemigo, ambos recurren a Fantomas– decía que en realidad había un sistema sobre América Latina que hacia todo lo que podía para asimilarnos a su forma de pensar y a su estilo de vida y en última instancia a su manera de ver el mundo, un sistema imperialista y capitalista, que para él era un estilo de vida no adecuado para Latinoamérica, Julio escribe un texto a partir del número de Fantomas que se publica en los quioscos de revistas y no en las librerías, lo llegaron a leer 60 mil mexicanos en dos meses.
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Capítulo 8

Carta Anexo

A Adelaida y Roberto Fernández Retamar
París, 29 de octubre de 1967

Roberto, Adelaida, mis muy queridos:
Anoche volví a París desde Argel. Sólo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases. Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que el silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié ese texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como si uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tú sabrás lo que siento. Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me avergüenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.

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Libro
La Guerra del Fin del Mundo
Mario Vargas Llosa
1981

Citando

"La imaginación es un crimen que la realidad castiga haciendo añicos a quien intenta vivirla".
Gustave Flaubert