[Escrito por Luis Espinosa]
Entre los muchos intentos por abrazar la realidad y combatir la nada, una de las mejores herramientas es el ojo mecánico de la cámara fotográfica. Disciplina que requiere un buen ojo, dedos rápidos y la contemplación estética de la realidad.
La fotografía resulta entonces un documento gráfico y una técnica construida por procesos químicos y físicos, pero que sirve como instrumento de expresión para plasmar la sensibilidad del artista; no se pueden negar las propiedades de arte en la fotografía.
El fotografiar no se trata de estar acechando la mentira como cualquier reportero, ni atrapar la silueta de algún personaje. Cuando se tiene una cámara en las manos, se tiene al mismo tiempo el deber moral de no perder el dulce rayo de sol que golpea la flor, o los felices pasos de un niño que corre por la calle, con un pan bajo el brazo.
El fotógrafo como consecuencia es una entidad libre de prejuicios, que debe entender y volver a mirar el mundo con ojos infantiles, para encontrar la magia de la realidad. Como fin último la fotografía será la posibilidad de ser pasaporte material de aquel orden apenas presentido, de un orden maravilloso.
La fotografía es muestra tangible de una realidad fantástica y del duelo espiritual donde lo cotidiano intenta reprimir a la fantasía. Una foto es un asomo cercano a ese mundo secreto. En la fotografía, como en la literatura, siempre lo importante es saber hacia dónde mirar.


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