Gauguin y su mundo presentido


[Escrito por Luis Espinosa]

Gauguin siempre estuvo dominado por el deseo de volverse primitivo. Vivió en Martinica y fue entonces que pintó a esas mujeres de piel morena, con sombra de bigote y su natural dignidad. El deseo de volverse primitivo lo hizo perder la cabeza, pero era un buen pintor. Tenía mujer y tres hijos. Con su buen trabajo en la bolsa compraba cuadros de Pissarro, Manet y Alfred Sisley. 

Los domingos se entretenía pintando. Hasta que una vez le enseñó una de sus telas a Manet quien le dijo que sus telas eran muy buenas. Gauguin dijo que solo era un aficionado y Manet le contestó que los aficionados eran aquellos que no sabían pintar. Aquella frase se le subió a la cabeza y desde ese día Gauguin cambió, abandonó su trabajo y a su familia, vivió de sus ahorros. Todo por la exigencia de su arte, vivió para pintar y para vivir como un bohemio primitivo.

Su esposa no padecía el mismo gusto por el arte, y su familia lo había tachado de oveja negra. En aquellos años de 1882, sólo vivía con Clovis, uno de sus hijos, que tenía que mantener con lo que consiguiera como pintor. Fueron años difíciles para Gauguin, años de modesta pobreza. 

Al enfermarse el pequeño de viruela, me quedaban justo veinte céntimos en el bolsillo”, las líneas las escribe Gauguin en el frío invierno de París, una carta a su esposa, en una sola línea resume su precario estado económico, la lucha que representaba el día a día del artista, y el resentimiento de su genio no aceptado. 

***

Cuando George Seurat subía a su taburete se inclinaba sobre su lienzo. Mojaba de pintura uno de sus pinceles tan diminutos que parecían cabellos. Con una precisión matemática comenzó a poner pequeños puntitos diminutos sobre la tela. Parecía trabajar sin emoción, mantenía su pincel recto en la mano. Trabajaba tranquilamente como si fuera una máquina. 

Según Seurat: “Lo que los pintores deben aprender a reproducir no es la cosa, sino la esencia de la cosa… cuando un artista pinta un caballo no debe ser un caballo común, que se pueda reconocer en la calle. Hay que dejar eso para la simpleza de la cámara fotográfica, el artista va más allá.” El artista trabaja en lo “hipertélico” (en la necesidad natural del hombre de sobrepasar los límites ha tenido la necesidad de crear nuevas categorías y nuevas edificaciones. Lo hipertélico es aquello que va más allá de su finalidad, y que rompe con los determinismos). El pintor, al igual que el poeta, dedica su vida en crear su sistema poético o su “sistema pincelar”, es decir su programa estético. 

Lo que se debe captar es el espíritu del objeto, o como diría Platón ‘El espíritu caballar’, y cuando se representa un hombre, no debe ser uno determinado, sino el espíritu y la esencia de todos los hombres”.

Esto se resume en un modesto ensayo de Emile Aurier: “Gauguin o el simbolismo en la pintura”, publicado en 1891 en el “Mercure de France”, este texto presenta las características del programa artístico de los simbolistas: La obra de arte tiene que ser ideísta: pues su único ideal debe ser la expresión de la idea; la obra de arte tiene que ser sintética: porque se escriben sus formas y signos de acuerdo con un tipo general de comprensión; la obra de arte tiene que ser subjetiva, porque el objeto no es visto nunca como objeto, sino más bien como signo que es percibido por el sujeto; la obra de arte tiene que ser decorativa, pues el arte es decorativo, estrictamente hablando, tal como este fue concebido por los egipcios, y muy probablemente también por los griegos, y los primitivos.

Gauguin quedó eclipsado por George Seurat con su obra maestra “Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte”. Su principal admiración radicaba en su teoría del arte, Seurat exponía los principios del impresionismo, con una base científica, trabajaba solamente con puntos sobre el lienzo. No había trazo, sólo puntos. 

De la misma forma que Seurat, Gauguin se preocupó por crear sus teorías de percepción, y con el ensayo de Emile Aurier se vio reforzado teóricamente, sólo entonces pudo sumergirse en las aguas de lo primitivo. 

El arte siempre será búsqueda y sacrificio, de la misma forma en 1888 Paul lo entiende y escribe: “este año lo he sacrificado todo –la técnica, el color– al estilo”.

En Gauguin lo primitivo se presenta como una revelación, al tiempo que es subjetiva, sintética, simbólica e ideísta. En él se presenta un intento de huida de la civilización, así como Van Gogh encontrará su arte en Arles, Gauguin lo encontrará en Tahití, en lo exótico y en lo virginal de lo desconocido; su característica más destacada será la línea fija, firme, que traza el borde de los contornos.  


En “Cerca del mar” (1892) la división de la línea fija es muy obvia, el contorno de los personajes principales  –las dos mujeres– resaltan con forma definida sobre aquellas divisiones apenas presentidas. Aquí también aparece la percepción casi fantástica de Tahití, el ambiente de los mitos, la vegetación que formaron la base de la innovación de la época introducidas por Gauguin. 

Gauguin presenta un mundo más profundo, un mundo armónico, repleto de colores, un mundo que no es invisible, uno donde que sólo es capaz de sentirse, un mundo sólo asociado, solamente presentido. Gauguin es la muestra de lo que decía Flaubert: "La imaginación es un crimen que la realidad castiga haciendo añicos a quien intenta vivirla".

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Libro
La Guerra del Fin del Mundo
Mario Vargas Llosa
1981

Citando

"La imaginación es un crimen que la realidad castiga haciendo añicos a quien intenta vivirla".
Gustave Flaubert