La literatura como trinchera en resistencia


[Escrito por Luis Espinosa]

Escribiendo estas líneas es inevitable imaginarse a Reinaldo Arenas; la posibilidad imaginaria de su cabello enmarañado y apurado, como lo estaba siempre, hambriento, sucio, en mero estado precario y en la contemplación del vacío, como un gato: es mejor verlo silvestre, heredero de un mundo mágico, un hombre a quien su miseria y sufrimiento forjó un imaginario fantástico y de nociones políticas.

Uno de los elementos más importantes para el funcionamiento de un sistema político es la libertad de expresión, el libre derecho a la crítica. Parafraseando a Primo Levi, en todos los países donde el derecho a la libre expresión se ve impedida, pronto todas las demás libertades se marchitan.

La libertad de expresión es cosa importante donde gira la labor del periodista que mediante esto tratará de estimular el cambio civil, y también la figura del escritor, que desde su trinchera intentará hacer ese mismo cambio.

Muchos escritores –entre ellos Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Reinaldo Arenas, José Lezama Lima, Revueltas…– han sostenido que la poesía y la literatura pueden cambiar desde adentro al ser humano, como un “salto mortal”, como una experiencia capaz de mover los cimientos del ser, la poesía puede transformar al hombre y también al mundo. El poema aparece aquí como un acto revolucionario.

Ya señalaba Octavio Paz en una visión histórica de la literatura: que la literatura moderna es la historia de una larga pasión desdichada por la política, así pues no se puede renegar de la política en ningún ámbito, algunos personajes con ojo clínico han sabido manifestarse y ejercer esa libertad de expresión, y otro tantos hacer crítica de aquellos que asesina el diálogo por inanición, a aquellos que imponen opiniones, aquellos que sacuden al silencio y hacen volver a la censura, aunque les haya costado la vida.

Ósip Mandelstam (Varsovia, 1891-campo transitorio de Vtoraya Rechka, cerca de Vladivostok, 1938) escribió en pocas líneas una sentencia de muerte, hizo uno de los poemas políticos más importantes del siglo XX, y se lo dedicó a Stalin.

Fue uno de los críticos políticos que a través de la literatura manifestó su inconformidad frente al régimen de Stalin, la literatura soviética oficial lo destituyó por su falta de compromiso y su poesía dejó de publicarse en 1928. En 1934 fue arrestado por escribir “Epigrama contra Stalin”, donde describe a Stalin como “el montañés de Kremlin”.

Vivimos sin sentir el país a nuestros pies
nuestras palabras no se escuchan a diez pasos.
La más breve de las pláticas
gravita, quejosa, al montañés del Kremlin.
Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos,
y sus palabras como pesados martillos, certeras.
Sus bigotes de cucaracha parecen reír
y relumbran las cañas de sus botas.”
Extracto de Epigrama contra Stalin. Noviembre de 1933.

Después de escribir ese poema Mandelstam fue asesinado, hacer esas rimas había sido un acto de rebeldía y valentía, tenía algo de acto idiota o de acto artístico, o bien de obligación política y civil.

Como la literatura será siempre una lectura de la realidad, como una imitación de ella, o un sueño, una versión fantasmagórica de ella, como un acto antagónico. Porque si se quiere obtener la realidad simple y llana existe la fotografía, la literatura no llegará a eso. Siempre se basa en las interpretaciones, al igual que el arte, esto se puede resumir en una formula del “manifiesto simbolista” de finales del siglo XIX: “El arte tiene que ser subjetivo; porque el objeto no es visto nunca como objeto, sino más bien como signo que es percibido por el sujeto”.

Y esta percepción de esos signos, e interpretación de ellos están adaptados en el imaginario de otro escritor perseguido, de origen cubano, Reinaldo Arenas.

Con las revoluciones siempre seremos más generosos, haremos juicios menos fieles, pasando por arriba un sinfín de atropellos y juicios erróneos. La revolución es un lugar donde la muerte y la sangre se van a confundir con la grandeza y los héroes.

Mágicamente el régimen cubano se sigue manteniendo, y para juzgar un sistema político hay que conocer la parte marginal de sus laberintos, y no hacer un acto de sinrazón negando la naturaleza de las cosas. Así un camino que se inició en la miseria y en la literatura, fue el de Arenas.

Ahora en estas líneas es inevitable pensar en Reinaldo: la posibilidad imaginaria de sus cabellos enmarañado y apurado, hambriento, sucio, en mero estado precario y en la contemplación del vació, como un gato: es mejor verlo como un talento silvestre, heredero de lo mágico, un hombre que hizo su literatura con la noción de los fantástico y con la política, todo en un mismo plano: “Antes que anochezca”.

Reinaldo nació en 1943, fue un revolucionario convencido y peleó abiertamente a favor de la revolución cubana; con el caso Padilla, comienza una transformación de Arenas, se hizo un crítico del régimen con sus textos, lo cual le negó la posibilidad de un desarrollo como escritor dentro de la isla. Fue torturado y encarcelado por el acto de rebeldía que significaba su obra. Esto se relata en su autobiografía, “Antes que anochezca” escrita en los años de 1974 y 1976. Abandonó la isla y se exilió en Nueva York; Reinaldo se suicidó el 7 de diciembre de 1990 luego de padecer sida durante tres años.

La vida de Reinaldo Arenas, es un ejemplo de esa represión que ejercen aquellos que luchan por las mismas causas, Arenas se convirtió como una advertencia para los demás escritores que quisieran ejercer sus ideas en contra del régimen cubano.

El escenario dramático de Arenas, apunta Jorge Edwards, no se debió a su homosexualidad declarada, sino a lo grave de la conjunción de factores: el ser cubano, ser escritor, ser homosexual y ser anticastrista.

Arenas escribía ficción –según Edwards– un mundo fantástico a forma de memoria con una narrativa poética donde se hace una exaltación de la naturaleza, de la fiesta cubana, y el mundo campesino. Una lectura poética siempre fresca, punzante, alegre, donde se encuentra las insólitas peripecias y desgracias.

En pleno triunfo de la revolución escribir poesía se convierte en una acto revolucionario, ningún sistema político dictatorial es capaz de retener y soportar a un verdadero artista, ningún sistema entenderá a un hombre que se dedique a comprender la belleza y no al activismo infundado.

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Libro
La Guerra del Fin del Mundo
Mario Vargas Llosa
1981

Citando

"La imaginación es un crimen que la realidad castiga haciendo añicos a quien intenta vivirla".
Gustave Flaubert